La migración de Venezuela y la afectación para Colombia

PCC-INTERREGIONAL DEL NORORIENTE 

La reunión interregional del Partido Comunista Colombiano en el nororiente, que aglutinó a las direcciones del PCC de Norte de Santander, Arauca y Santander, realizada en Cúcuta el 8 y 9 de septiembre de 2018, examinó con detenimiento y preocupación la crisis migratoria que se desarrolla en la hermana República Bolivariana de Venezuela, generada por la inocultable situación desatada por la guerra sucia económica y financiera del gran capital venezolano y transnacional, cuyo propósito final es desestabilizar social y políticamente al gobierno para con medidas de fuerza derrocarlo y sustituirlo con un régimen de los que ensombrecieron al país desde el inicio de su vida independiente.

Es ostensible la escasez artificialmente creada; acaparamiento de mercancías de primera necesidad, especulación cotidiana y destrucción de bienes de riqueza, generados por los dueños del gran capital, pues el Estado venezolano desde sus comienzos no ha sido más (como sucede en el caso colombiano) que la junta que administra los negocios de los capitalistas. El intento de construir un modelo de desarrollo socialista solo es en unos pocos elementos, pues los medios de producción fundamentales están acaparados en manos privadas. El desastre del hermano país no hay que buscarlo en los gobiernos bolivarianos, sino a comienzos del siglo XX, cuando quedó atado a la exclusiva explotación y exportación petrolera, entregadas al capital transnacional y de la que se beneficiaron solo las élites, sin preocuparse de usar la renta petrolera para desarrollar industrial y agropecuariamente el país, lo que lo llevó inevitablemente a depender de la importadora generalizada. Hoy los males incubados durante casi una centuria de gobiernos oligárquicos se están buscando en el nuevo modelo político que ha venido cerrando la abismal brecha entre las élites y el pueblo.

Esa situación ha llevado a la emigración, unas veces obligada por las carencias, pero más, producto de la seducción y estímulo desde el gobierno colombiano, algunas autoridades regionales y locales, los partidos dominantes en Colombia y de otros de Sudamérica, aupados por el gobierno estadounidense. Fue vociferante el llamado primero a las protestas violentas contra el Gobierno de Maduro, y luego a abandonar el país en masa, sin que los auspiciadores tuviesen la mínima intención de destinar recursos para atender las oleadas que previsiblemente se iban a producir. Hoy los migrantes están lanzados a una de estas opciones: vagar y mendigar por las calles y pueblos, delinquir de manera acelerada, o someterse a condiciones de explotación laboral semi-esclava, que ha sido una de las formas especialmente aplicadas por empleadores inmorales y forajidos.

El asunto de los migrantes solo puede resolverse con el apoyo de hermanos de los países que los soldados venezolanos ayudaron a liberar hace 200 años. No puede ser, como ocurrió en el pasado diciembre, que actitudes burocráticas, intervencionistas y criminales del gobierno colombiano, y de algunos empresarios inescrupulosos, llevaran a impedir el ingreso de toneladas de alimentos, que finalmente se pudrieron a los pocos días de traspasar la frontera. Nuestros países nacidos de la epopeya bolivariana deben contribuir a solucionar las crisis vendiendo los productos de primera necesidad que requiere el gobierno venezolano, muchos de los cuales se descomponen y deben ser tirados a la basura en el subcontinente.

Estos países deberían mirarse en el espejo del puerto cubano de Mariel de 1980, cuando el gobierno de los Estados Unidos patrocinó el éxodo masivo de cubanos hacia Miami. Los enormes problemas que ello ocasionó (y que perviven hoy día) no pudieron ser resueltos ni aún con el poderío económico de los EE.UU., y pensar que un gobierno como los de Suramérica pueda resolver la emigración es simplemente el pretexto para provocar una intervención extranjera en Venezuela.

La actual problemática ha tenido su contraparte en el sentido opuesto, cuando a Venezuela emigraron durante largos años y hasta el reciente pasado, varios millones de colombianos, expulsados por la violencia que conllevó al asesinato masivo de nacionales y al despojo, que obligó al desplazamiento, quienes fueron recibidos como exiliados. Es la gran diferencia, pues la migración actual de venezolanos hacia Colombia, no está generada por terrorismo de Estado, como en el caso nuestro.

Y con la misma medida de generación de una guerra blanda, en Nicaragua se está gestando una similar y artificial revuelta contra el gobierno sandinista, que podría igualmente desatar una inmensa ola de migración hacia países vecinos, auspiciada por los intereses imperialistas de los EE.UU.

comunistas-colombianos-crisis-Venezuela.jpgLos comunistas colombianos, al exigir del gobierno nacional de Colombia el cese de la intervención soterrada, exigimos así mismo las medidas de colaboración en aplicación del principio constitucional de no intervención y de respeto a la autodeterminación de los pueblos, y expresamos la solidaridad irrestricta con el gobierno y el pueblo venezolanos.

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