El agua lleva a los humanos de vuelta a la Luna

Por Lisbet Rodríguez Candelaria*

La Habana, (PL) Formada hace más de cuatro mil 500 millones de años, la Luna es el único satélite natural de la Tierra y en apariencia, el objeto más brillante en el cielo después del Sol, a pesar de su oscura superficie.

En relación síncrona con la Tierra, muestra siempre la misma cara hacia el planeta. El hemisferio visible está marcado con oscuros mares lunares de origen volcánico entre las brillantes montañas antiguas y los destacados astroblemas (depresiones dejadas por el impacto de un meteorito en la superficie de un cuerpo planetario).

Su influencia gravitatoria produce las mareas y el aumento de la duración del día. Mientras, su distancia orbital, cerca de 30 veces el diámetro de la Tierra, hace que se vea en el cielo con el mismo tamaño que el Sol y permite que cubra al astro rey en los eclipses solares totales.

La prominencia de la Luna en el cielo y su ciclo regular de fases han hecho de ella un objeto con influencia cultural desde la antigüedad, tanto en el lenguaje, como en el calendario, el arte o la mitología.

Muchas han sido las investigaciones realizadas en torno a este cuerpo celeste, como por ejemplo la posible existencia de agua en ella.

En 1969, cuando la misión espacial tripulada de Estados Unidos, Apolo 11, colocó a los primeros hombres en la superficie lunar con el objetivo de traer de vuelta a la Tierra muestras de roca, se creía que la Luna estaba absolutamente seca.

Durante años el tema fue debatido en la comunidad científica. Los expertos aseguraban que el ambiente selenita hace casi imposible la presencia de agua, a no ser en forma cristalizada microscópica en las rocas, pues en la mayor parte de la superficie lunar, por momentos la temperatura asciende mucho.

Esto y la falta de una atmósfera implican que las moléculas de toda agua expuesta al ambiente lunar típico se fuguen al espacio.

Sin embargo dos descubrimientos, uno en 1996 por parte de la sonda Clementine, y otro en 1998 debido a la misión Lunar Prospector (ambas estadounidenses) detectaron imprevistas presencias de hidrógeno en los polos lunares.

Luego en el 2009, el instrumento Moon Mineralogy Mapper (M3) de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA), a bordo de la misión india Chandrayaan-1, encontró variaciones del contenido de hidrógeno y moléculas de agua en estado sólido en algunos cráteres del polo sur de la Luna.

Tal detección se realizó de manera indirecta, pues el instrumento halló las anomalías por debajo de la superficie lunar.

Presencia de hielo confirmada en el satélite natural de la Tierra

Recientemente, un equipo de investigadores estadounidenses comprobó de manera directa la evidencia definitiva de hielo en la superficie de la Luna, concretamente en las partes más oscuras y frías de sus regiones polares, resultados publicados en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.

Los científicos de las universidades Brown y de Hawái explican que los depósitos de hielo están distribuidos irregularmente y podrían ser antiguos. En el polo sur la mayor parte se concentra en los cráteres lunares, mientras que en el norte es más extenso pero disperso.

Para desarrollar la investigación, utilizaron datos del M3 que no solo recogían las propiedades reflectivas esperadas del hielo, sino que también podían medir directamente la forma distintiva en que sus moléculas absorben la luz infrarroja, lo que permite diferenciar entre agua líquida o vapor e hielo sólido.

De acuerdo con Shuai Li, líder del estudio, la mayor parte del hielo recién descubierto se encuentra en las sombras de los cráteres cerca de los polos, donde las temperaturas más cálidas no superan los -250 grados Fahrenheit (-156 grados centígrados).

Debido a la muy pequeña inclinación del eje de rotación de la Luna, la luz del Sol nunca llega a estas regiones.

Con suficiente hielo en la superficie dentro de los primeros milímetros, el agua posiblemente sea accesible como un recurso para futuras expediciones, con el fin de explorar e incluso permanecer en la Luna, afirma Richard Elphic, del Centro de Investigación Ames de la NASA.

Resulta más fácil acceder a esta agua que a la detectada debajo de la superficie lunar, por lo que estudiar cómo llegó allí y la manera en la que interactúa con el mayor entorno de la Luna será un objetivo clave de la NASA, enfatiza Elphic.

Una pronta visita a la superficie lunar

El programa de exploración humana de la Luna por parte de la NASA había finalizado con la misión Apolo 17 en 1972. Sin embargo, el reciente descubrimiento tiene consecuencias tentadoras para los esfuerzos de que los humanos vuelvan a la Luna por primera vez en casi medio siglo.

Respecto a ello, el administrador de la NASA, Jim Bridenstine, cita la existencia de agua en la superficie lunar como una clave para las posibilidades de tener éxito en una indagación renovada y sostenible de la Luna.

Este es un recurso potencialmente valioso no solo para beber, sino también en la producción de mayor cantidad de combustible, utilizado en cohetes y oxígeno para respirar, comenta Bridenstine.

La científica lunar de la NASA, Sarah Noble, refiere que aún se desconoce la totalidad de hielo existente y la dificultad para extraerlo en cantidades suficientes, con el propósito de que sea de uso práctico.

Tenemos muchos modelos que nos proporcionan respuestas diferentes, por lo que no podemos saber cuánta agua hay, confirma Noble, quien considera que la exploración de la superficie lunar mediante sistemas robóticos permitirá averiguarlo.

Tanto Bridenstine como el resto del equipo desean que los remolcadores que van desde la órbita de la Tierra a la lunar sean reutilizables.

Esperan además que una estación espacial alrededor de la Luna permanezca allí por un largo período de tiempo, y pretenden obtener módulos de aterrizaje que vayan y regresen entre la estación espacial alrededor del satélite natural de la Tierra y la superficie del mismo.

La presencia de agua en la Luna es sin duda una realidad que marca una pauta en la historia de la geología planetaria, e incita a los humanos a visitar nuevamente este cuerpo celeste.

ALB/LRC | PRENSA-LATINA

*Periodista de la redacción de Ciencia y Técnica de Prensa Latina

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