Mentiras y verdades migratorias

Caracas, 05 Sep. AVN

Por: Pablo Fernández Blanco

En la escala renovada de agresión hacia Venezuela, por parte de los factores de poder que se concentran en torno a la agenda que impone EEUU, aparece en días recientes con mayor virulencia el tema de la presunta “crisis humanitaria“, en su componente relacionado con la matriz de una “migración masiva de venezolanos”.

Tal como nos tienen acostumbrados, los medios corporativos del sistema palangrista con que cuenta la derecha internacional, atizan con un discurso que taladra sin descanso, tratando de imponer la idea que en Venezuela se está generando un despoblamiento masivo, producto de la crisis y la “represión” gubernamental. Por supuesto, estas “noticias” se construyen con un andamiaje fotográfico bien seleccionado y perfectamente descontextualizado, historias de vidas improvisadas y todo lo que contribuya a generar el imaginario de que efectivamente, la huida masiva de venezolanos es un hecho consumado.

Sin embargo, la realidad no puede taparse con un dedo. Los informes provenientes de organismos de las Nacional Unidas, así como estudios independientes, dan fe que la situación no es como la pintan los centros de la confabulación mediática.
Por ejemplo, en el reciente informe independiente de la organización SURES, dedicada a los temas de derechos humanos, titulado INFORME ESPECIAL TENDENCIAS MIGRATORIAS EN VENEZUELA: UNA APROXIMACION DESDE LOS DERECHOS HUMANOS, se ponen en evidencia las falacias que se mueven tras los datos usados para la construcción de la matriz migratoria, como por ejemplo con el caso de quienes tienen doble nacionalidad: “En el caso de la emigración de origen venezolano, demanda particular atención la clasificación de migrantes con doble nacionalidad, ya que podemos encontrar casos de personas que parten de Venezuela e ingresan a sus países de destino como nacionales de ese país y no como migrantes; como también el caso de aquellos que se instalan en el país de destino como migrantes con nacionalidad distinta a la venezolana, ya que poseen otra nacionalidad”.

De igual modo, el estudio demuestra que muchos venezolanos han manipulado la figura del refugio (distinta a la del migrante), con la finalidad de lograr facilidades migratorias que les den residencia legal en otros países, la cual no lograrían por los medios habituales. Una forma de victimización grotesca con fines individualistas, que mal pone al país de origen sin medir las consecuencias de ello. “Resulta imprescindible evitar el uso inadecuado de la institución del refugio, ya que su empleo en forma masiva para lograr la residencia legal de migrantes económicos en los países de destino puede conllevar a desnaturalizar este derecho y, sobre todo, a que los Estados no concedan dicha condición en aquellos casos en los cuales resulta necesaria su aplicación para proteger derechos humanos”, advierte el informe de SURES.

El informe in comento también denuncia la inconsistencia de los datos estadísticos que utilizan los medios, ciertos ámbitos académicos y las empresas encuestadoras (carentes de metodologías adecuadas de medición en esta específica materia demográfica); todas ellas sometidas a una demanda informativa de mercado que intentan saciar a como dé lugar (aunque sea con datos sin sustento). Incluso los datos de las agencias internacionales del sistema de Naciones Unidas encuentran dificultades, dado el peso de la migración de retorno y las personas con doble nacionalidad.

Un dato significativo del impacto migratorio es su carácter diferenciado: “…si bien en términos nacionales la emigración representa menos del 10% de la población, en ciertas localidades su peso relativo es mucho mayor, especialmente cuando fueron comunidades tradicionalmente receptoras de emigrantes, relacionadas con mercados laborales globalizados de alto nivel de especialización (petroleros, desarrollo informático, etc.), proximidad con la frontera y características sociodemográficas de las personas, tales como edad, sexo, número de hijos e hijas, entre otras”.

Finalmente, el informe destaca algo que se ha hecho evidente en los últimos días, con la masiva solicitud de retorno de connacionales en países donde están siendo sometidos a tratos esclavizantes, discriminación en el acceso a servicios básicos y prácticas xenofóbicas. La política del Gobierno Bolivariano, ratificada por el Presidente Maduro en días recientes y cónsona con el respeto y garantía de los derechos humanos, apunta al apoyo irrestricto para el retorno de todos aquellos migrantes que se encuentran en esta lamentable situación.

Es fácil concluir que frente a los fenómenos migratorios que ha vivido América Latina en las últimas décadas y particularmente la migración hacia Venezuela de enormes cantidades de colombianos (más de 4 millones y medio, producto de la guerra en ese país), o de ecuatorianos, peruanos, caribeños, entre otros, la dimensión de los migrantes venezolanos hacia esos países u otras regiones del continente resultan ínfimas y en modo alguno pueden catalogarse como un problema que exija respuestas de corte intervencionista, como las que se intentan delinear con ese pretexto desde la Casa Blanca y lo que va quedando de los gobiernos integrantes del Grupo de Lima.

De ser así, la migración colombiana debería haber generado una eclosión regional hace décadas, y sin embargo nunca hubo planteamientos en el seno de la ONU o de la OEA, frente a ese escabroso drama neogranadino, como los que ahora se ventilan en esos espacios internacionales contra Venezuela. Mucho menos lo hubo ante el drama comprobado de los migrantes que intentan llegar a EEUU y la respuesta violenta y vejatoria de derechos humanos que ha ordenado la Casa Blanca, ante el silencio cómplice de buena parte del mundo.

Definitivamente, el más preocupado por atender a la repatriación de venezolanos es el propio Gobierno Bolivariano, que ya ha desplegado un plan de acción en ese sentido. Las ingenuidades políticas y el doble rasero en el tema migratorio deben dejar lugar a la verdadera lectura de lo que se esconden tras la tan cacareada preocupación por los migrantes: se quiere convertir ese tema en una plataforma de la neo doctrina de seguridad nacional para la región y justificar un conflicto que nadie puede determinar los alcances destructivos que tendría, no solo para Venezuela, sino para Latinoamérica como región de paz y sana integración.

Foto: @jaarreaza

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