El horror nos puso de pie

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EN ESTA HORA DE LA PATRIA

No los habíamos invitado, pero llegaron cargados de desdichas. Arrasaron pueblos, violaron nuestras mujeres, asaron en parrillas a caciques, despedazaron a unos con perros usados como instrumento de guerra, ahogaron a otros para robar ostras marinas, aplicaron el cepo y la tralla; encadenaron indios por la cabeza, tajada cuando el fatigado detenía el ‘trote’, así ocurrió en la expedición del conquistador Ambrosio Alfínger; ello lo conocimos por el sermón del fraile dominico Antonio de Montesinos: “Una voz clama en el desierto”.

La guerra impuesta entronizó la violencia, el genocidio y la masacre. Durante la construcción de la República vinieron las guerras civiles, activadas por los señores de la tierra. Pasada la última de las ‘batallas intestinas’, la de los Mil Días, donde combatieron niños por doquier, el país se adentró en el Siglo XX, signado por la Masacre de Las Bananeras, en la madrugada del 5 al 6 de diciembre de 1928, terminándose la República Conservadora e iniciándose la República Liberal.

El liderazgo de Jorge Eliécer Gaitán provocó la violenta reacción del poder establecido. El líder enseñó que el país nacional no podía seguir la suerte del país político, que los olvidados de todas las horas debían ser sujetos de la historia y que la nación le podía ser quitada a sus secuestradores seculares. El caudillo fue asesinado, como antes lo había sido Rafael Uribe y como después lo serían Luis Carlos Galán y Bernardo Jaramillo Ossa. Vino el primer gran genocidio político en Colombia cuya víctima fue el movimiento gaitanista, preámbulo al exterminio de la Unión Patriótica y a la mortífera tragedia que después cayó sobre campesinos, indígenas y pobladores inermes, bajo la falsa acusación de ser guerrilleros o colaboradores de los ilegales armados.

Los demonios se soltaron en la vida de la nación atribulada: más de 2 millares de espeluznantes matanzas,- en la masacre de El Salado cortaron orejas, empalaron mujeres, degollaron otras y hasta un discapacitado mental, Ever Urreta, fue torturado hasta morir con el pretexto que era guerrillero; solo quedó la constancia de una de las sobrevivientes, Élida Cabrera: “ Colombia es un país corrupto. En cinco días no hubo nadie que nos ayudara”. Habían sido asesinadas 66 personas con tormento de por medio-, unas cien mil minas anti-persona destrozando colombianos, cerca de 25 mil secuestrados y de 27 mil desaparecidos y una guerra que nos ha costado un millón de muertos, 7 millones de desplazados forzados y el despojo de más de ocho millones de hectáreas de las mejores tierras de Colombia.

El cuadro dantesco no puede leerse, pues hasta la sal se pudre; el asalto de las EPS, generadoras de la caravana de la muerte hospitalaria, la destrucción de la instrucción pública para evitar la educación del pueblo, el insólito y repetido hurto a la alimentación escolar de los niños proletarios; todo condensado en la flagrante violación de la ley, y en un ejercicio electoral manchado por la servidumbre de opinión, el ‘sobre’ en las registradurías, los acosos burocráticos, el peaje de grandes contratistas y el negociado de poderosos medios de comunicación en cómplice conducta con los saqueadores de la patria.
Frente a ello los colombianos han reaccionado de diferente manera.

Algunas “ mentalidades que son cárceles de larga duración”, abrazando a su opresor ; otros adocenados por cápsulas de opinión resignados ante la atávica realidad, y los últimos resistiendo seguros de que al final no todo está perdido. Contra éstos, el régimen, los oligopolios, los usurpadores, como se quiera llamar, soltaron a los depredadores de las matanzas, a los operadores de las Casas de Pique, a los organizadores de zoológicos de muerte, verbigracia los que construyeron narcoparamilitares, como alias Cadena y alias El Iguano, para desmembrar a sus víctimas y aterrorizar a los supervivientes, ante el ruidoso silencio del bazar de los idiotas.

Sin embargo, una ola, que recuerda la de Gaitán, la de Anapo, la de Camilo y aún la de Galán, cada una con sus matices e intereses diversos, vuelve a brotar en el seno del alma popular y desafía a los señores de la guerra y de la muerte, colocando la vida sobre la devastación violenta, la justicia sobre la insanidad ética. Entusiastas, los jóvenes, profesionales, educadores, habitantes de las periferias, despojados de la tierra, minorías excluidas, artistas, medianos y pequeños empresarios, emprendedores novedosos, hacen parte de esta multitud que emerge hoy con nuevas utopías.

El resultado de la primera vuelta en la campaña presidencial está a la vista, y no hay por qué alarmarse. Aquel es producto de la trampa institucional y las perversidades del Régimen, pero también de los acumulados y repetidos errores de ciertos enviados imperiales que, a nombre de una difusa izquierda, por dogmatismo o lastre de costumbre, no saben interpretar esta compleja pero esperanzadora hora de la historia.
Urge abandonar ese lenguaje de puja que denuncia pero no propone, copado de dardos diabólicos, arrojados para fulminar al real o imaginario adversario.

Dicho lenguaje suplantador y deformador de realidades, fue un arma del nazismo, instrumentado por J. Goebels. No se puede repetir el canibalismo ‘ilustrado’ de los años 70, que desató tenebrosas redadas contra los ‘insumisos ideológicos’, provocando daños de los que aún no nos recuperamos. Camilo dijo que deberíamos discutir sobre lo que nos unía y no sobre aquello que nos dividía, siempre consensuando principios y políticas innegociables, que atañen a la equidad y a la justicia.
Sin los tlaxcaltecas y La Malinche, como símbolo de la entrega y la traición, Cortés no hubiera tomado Tenochtitlán, y sin la abyecta mano de Huáscar, Pizarro no hubiera avistado a Cajamarca para someter al gran Atahualpa; sin los bogas de la vieja guerrilla ‘prochina’, los narcoparamilitares no hubieran devastado con tanta facilidad, la humanidad social del Urabá.

Tenemos que abandonar esa conducta de rapiña de interesarse menos por la gente y más por empequeñecidos proyectos burocráticos. Hitler se apoderó de la Alemania de la filosofía clásica acudiendo no solo a un golpe constitucional sino soportado por el apoyo mayoritario en las urnas, por eso no podemos terminar, como lo advierte la española Teresa Torres Peral, como “una jaula de grillos”, que en el caso nuestro prodiga abundantes ejemplos enfermizos.

Otra obligación nuestra es la de luchar en el terreno de la opinión. Como lo recordaba Mario Benedetti, “la conciencia es ahora el terreno a someter, a invadir, a conquistar. De ahí la educación para el olvido”; propósito de la cúpula política que nos gobierna para tener una sociedad pasiva, sin sujetos políticos ni históricos, suprimiendo el debate de lo público, y abonando el camino que facilita a la minoría desnaturalizada que controla al régimen enriquecerse ilegalmente y sin límites, delictual conducta que busca ser legitimada en cada ritual electoral.
Los hombres y mujeres de opinión tenemos que ponernos a la cabeza en esa parte de la lucha sin la pretensión de sustituir a las organizaciones sociales en el resto de la misma, sin pretender ahogar la vida entre textos escleróticos, sin pretender imponer esa frialdad vetosa propia de muchos académicos, reducidos a la contemplación dogmática, y sí con el propósito de detener el apocalipsis de la miseria impuesto por los monopolizadores de lo ajeno.

El mundo será de los jóvenes, lo cual indica que la tarea principal de transformarlo también recae sobre ellos. Pero no hay que sentar excluyentes posturas generacionales. Ahí está el recuerdo de dos mayores, Bertrand Russell y Jean Paul Sarte instaurando un Tribunal Moral que en nombre de la Humanidad juzgó los crímenes de guerra de los halcones norteamericanos en Vietnam; o el de dos nonagenarios, Edgar Moran y Stefen Haesel, detonando la indignación de millones de europeos y norafricanos frente a un sistema que fracasó en la historia, o en Colombia el papel de Carlos Gaviria Díaz, abriendo la avenida por la que pasa este multitudinario fenómeno, que hoy afirma un ‘basta Ya’ mayúsculo a los fascistas camuflados que propiciaron el narcoparamilitarismo, hicieron de la guerra un negocio, horadaron la justicia, destruyeron la educación pública, hurtaron millones de hectáreas a sangre y fuego a laboriosos campesinos, y entregaron la salud en manos de EPS convertidas en reales empresas funerarias.

No podemos ser una legión de fantasmas obedientes, que arrastran sus cadenas por eso que Erich Fromm llamó “el miedo a la libertad”. Ni seguir esperando las migajas de la mesa del rico Epulón, buscando el poder a medias, la patria a pedacitos. Para esto se requiere inteligencia, tesón, disciplina, pasión, respeto por las divergencias, en el entendido como dijo un escritor europeo que la democracia es una iglesia donde todos son herejes.

El próximo 17 de junio hay una batalla decisiva y no hay pretextos para estar fuera de ella, como lo sugieren ciertos académicos, expertos en asentamientos ideológicos, promotores del abstencionismo o maliciosos del voto en blanco.

Procurando que el horror no pueda perpetuarse, convocamos a hacernos eco del resuelto ánimo de Dolores ibárruri ante el macabro zarpazo de la falange española, hoy reeditada en el clan que encabeza el ex-presidente Uribe que, como los conquistadores españoles, llegó cargados de desdichas, se apoderaron de la tierra, arrasaron con los pueblos y entronizaron la violencia: “Ellos no pasarán”.

Libardo Orejuela Díaz
Profesor Universitario

Hernán Cuartas Mosquera
Profesor Universitario

Jairo Valencia Restrepo
Coordinador de Colombia Humana, Washington D.C.

Fernando Duque Nivia
Profesor Universitario

Carlos Alberto Ríos
Profesor Universitario

Ángelo Victoria Rucci
Profesor Universitario

Oscar Arias Soto
Profesor Universitario

Hernando Giraldo Duque
Profesor Universitario

José Omar Salazar
Profesor Universitario

Harold Escobar Contador
Profesor Universitario

Norma Enid González
Profesora universitaria

Rayan el Barkachi Abo Trabi
Profesor universitario

Myriam Mackormi
Profesora universitaria

Raúl Castiblanco
Profesora universitaria

Héctor Fabio Sarasti Losada
Profesora universitaria

Luis Fernando Ortiz
Profesor universitario

Fabio Caicedo
Profesor universitario

Carlos Narváez
Abogado

Blanca María Orejuela Díaz
Abogada

Anyela Solarte Mera
Abogada

María Cristina Orejuela Díaz
Abogada

Jessica Fernanda Ortega Rodríguez
Abogada

Cristina Nicholls
Abogada

Alejandra Hincapié Madrid
Abogada

Sara García
Abogada

Hercilio Garcés
Abogado

Mateo Escobar
Abogado

Alejandro Cuartas Zapata
Médico

Natalia Gaviria Orobio
Médico

Andrés Felipe santa
Médico

Juan Felipe cabezas Arana
Médico

Ana María Ramón
Médico

Laura García Blanco
Médico

Daniel Díaz Cortes
Médico

Arnold Ocoro
Médico

José Bernardo Jerez Valderrama
Médico

Angélica Carvajal Hernández
Médico

Julio Cesar Castro Murillo
Médico

Sebastián Lasso Carabalí
Médico

Sebastián Lasso Carabalí
Médico

Julio Cesar Castillo Murillo
Médico

Diego Alberto Alzate
Médico

Diego Alberto Álzate
Médico

Luis Felipe Millán
Médico

Alejandra Pizarro
Médica

Juan Manuel cuartas
Médico

Ana María Galindo Moore
Médico

Camilo Torres
Ingeniero civil

Johan Sebastián Montenegro Marín
Economista

Edna Cerquera Pimentel
Odontóloga

Kelly Callejas López
Comunicadora social

Analía Restrepo
Diseñadora

Terry Hurtado
Líder Animalista

Noemí Zapata Vega
Lenguas Extranjeras

Alejandro Gutiérrez De Piñeres y Grimaldi
Escritor

Cali, 8 Junio del 2018

 

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