Centroizquierda en Colombia, tender puentes o sucumbir

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Bogotá (PL) A dos meses de las elecciones presidenciales en Colombia, todo apunta a la vuelta del uribismo al gobierno.

Son varias las señales: El partido del actual senador y expresidente Álvaro Uribe (2002-2010) se ubicó como la primera fuerza política en el Senado y la segunda en la Cámara de Representantes en los comicios legislativos del pasado 11 de marzo.

Segundo: La ultraderecha, opuesta al Acuerdo de Paz, se mantiene unida; en tanto la centroizquierda defensora de lo pactado en La Habana sigue fraccionada.

En la mayoría de los candidatos de la centroizquierda ha pesado más, hasta el momento, los personalismos y los egos personales que la defensa del futuro del país.

Tercero: Al margen de los cuestionamientos a las encuestas y al manejo que, según expertos, se hace de ellas en coyunturas electorales, resuena ante la opinión pública el favoritismo otorgado en los últimos sondeos al aspirante a la presidencia por el uribismo, Iván Duque.

Todos los estudios sobre intención de voto lo sitúan pasando a disputar la presidencia en una segunda vuelta.

Cuarto: Los sectores de la extrema derecha no han descartado una eventual alianza con otro de los candidatos presidenciales y de orientación de centroderecha, el exvicepresidente de la República Germán Vargas Lleras.

El partido Cambio Radical, de Vargas Lleras, fue de hecho el aliado del uribismo en el Congreso, en la oposición a las leyes para la paz.

Quinto: El gubernamental partido de la Unidad Nacional, paradójicamente impulsor del Acuerdo de Paz, se debate actualmente entre apoyar a Duque o a Vargas Lleras.

Sexto: El partido Liberal se desmarca de su candidato, Humberto de la Calle, exjefe negociador del gobierno en La Habana, y se abre a la posibilidad de apoyar al candidato uribista, sobre lo que se pronunciará en los próximos días.

Ante tan adverso panorama para las fuerzas que en la polarizada Colombia promueven la paz y la reconciliación, la única opción real que pudiera torcer el rumbo de las elecciones es la consolidación de una coalición amplia entre los candidatos del centro y de la izquierda.

El candidato del Movimiento Colombia Humana, Gustavo Petro, el mejor posicionado en las encuestas dentro del espectro de la centroizquierda, es quien más enfáticamente ha llamado a una convergencia para derrotar a la derecha en las elecciones.

De hecho, el pasado 21 de marzo el exalcalde bogotano invitó al candidato de la Coalición Colombia, Sergio Fajardo, y al del partido Liberal, Humberto de la Calle, a intentar un acuerdo para no llegar divididos a los comicios.

‘De nuevo invito a todas las fuerzas verdes, de izquierda y al liberalismo colombiano a construir la Convergencia Democrática y ganar en primera vuelta la Presidencia de la República. Un gobierno democrático, pluralista, capaz de hacer las reformas sociales necesarias para la Paz’, escribió en Twitter.

Para avanzar en ese propósito solicitó ayuda como negociador al exalcalde de Santa Marta y excandidato presidencial Carlos Caicedo, promotor como Petro de un programa de gobierno más orientado a los excluidos del país.

Tanto es así, que luego del atentado del cual fue víctima en la ciudad de Cúcuta (departamento Norte de Santander), Petro retomó su campaña en la localidad de Soacha (departamento de Cundinamarca), donde hay un alto índice de pobreza.

En la ocasión explicó que reanudaba su trabajo político en Soacha porque quería ofrecerle ‘un futuro a la juventud dándoles educación, salud y trabajo a los menos favorecidos’.

También se pronunció por el acceso de la población a los servicios básicos de transporte, agua potable y luz eléctrica.

Soacha tiene además una connotación política adicional. Fue en ese municipio donde asesinaron en agosto de 1989 al candidato presidencial del Partido Liberal Luis Carlos Galán.

‘Los asesinos de Galán fueron los que gobernaron después a Colombia’, afirmó Petro ante una plaza repleta de sus seguidores.

En esa búsqueda de la unidad se ubica también la decisión de su fórmula vicepresidencial, la congresista Ángela María Robledo, exmilitante de la Alianza Verde, una de las fuerzas que integra la coalición Colombia, promotora de la candidatura de Fajardo.

Robledo había firmado junto a legisladores de su partido y del Polo Democrático Alternativo una carta en la que solicitaban a De la Calle, Fajardo y Petro una alianza para la primera vuelta.

Al saber de una próxima cita entre Fajardo y De la Calle, de la que pudiera cuajar alguna unión, la exdecana de la Facultad de Psicología de la Universidad Javeriana espetó: ‘Ojalá el café fuera de tres’.

La aceptación entre Fajardo y De la Calle a un primer encuentro, rechazado con anterioridad, se produjo a través de Twitter, que, a juicio de un comentarista local, es dentro de las redes sociales el canal que está moviendo la política moderna.

De la Calle invitó a Fajardo a un café que el representante de la Coalición Colombia aceptó:

‘Estoy abierto a obrar con altruismo para que Colombia no se vaya a los extremos. Un café con Sergio es una buena idea’, comentó el candidato del liberalismo.

El encuentro se produjo de hecho en la noche del 26 de marzo y derivó en la voluntad de ambos de abrirse a una alianza, de la que dependería el resultado de una consulta al Consejo Nacional Electoral en cuanto a su viabilidad.

Para John Fernando Restrepo, politólogo y decano de Humanidades de la Universidad de Medellín, sería un hecho tardío porque desde su punto de vista la disputa en una segunda vuelta será entre Duque y Petro.

Otros analistas alegan que jurídicamente ya no sería posible tal asociación. Sin embargo, Luis Ernesto Gómez, exviceministro del Interior, considera que es posible todavía consolidar una alianza entre los candidatos del Partido Liberal y de la Coalición Colombia.

La Ley 1475 permite una consulta interna interpartidista y que hasta un mes antes de la primera vuelta, uno decline en favor de otro; así lo explicó al diario local El Espectador:

Situados más en el espectro del centro, aunque firmes defensores de la paz, tanto De la Calle como Fajardo, más el segundo que el primero, han mostrado resistencia a la coalición con Petro, sin cerrarle la puerta del todo.

Petro ha debido sufrir la satanización de la ultraderecha en los medios de prensa locales que ha tenido sus réditos en parte del electorado.

En la coyuntura electoral se trabaja mucho con el miedo. Por eso el voto del miedo termina inclinando muchas veces la balanza de los indecisos.

Ese es otro de los desafíos de los programas alternativos de gobierno en un país neoliberal, donde ha prendido hasta la médula la demonización de todo lo que huela a izquierda.

En el imaginario popular se trata de sembrar la idea que de ganar Petro, Colombia se convertiría en otra Venezuela y la situación del país vecino es considerada muy negativa en casi todos los estratos del electorado local.

La satanización del gobierno legítimo de Nicolás Maduro es una realidad en la sociedad colombiana. A esa conclusión llegó el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag).

El Celag elaboró un reciente estudio sobre el clima de opinión en torno a las elecciones presidenciales de Colombia, previstas para el próximo 27 de mayo, tomando como campo las ciudades de Bogotá, Medellín, Cali y Buenaventura.

El análisis derivó en que se votaría para impedir la llegada de un candidato de corte de izquierdas y no tanto porque los candidatos propios ilusionen.

Venezuela eclipsa en los debates incluso al tema de la paz, advierte la investigación de Celag.

Sin embargo, la indagatoria añade que hay también una percepción muy negativa del país, sobre todo en materia de corrupción, y una demanda real de cambio que pudiera pesar en la votación de las presidenciales.

Por el momento se rediseñan alianzas.

Los candidatos retomarán con fuerza sus campañas después de la Semana Santa. Algunos aspirantes presidenciales se mantienen en la idea de presentarse solos en la primera vuelta.

El camino parece muy difícil para la centroizquierda. No tiene que ser imposible.

arb/btp

*Corresponsal de Prensa Latina en Colombia.

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