El vuelo del tiempo

Por: Cicerón Flórez Moya
cflorez@laopinion.com.co

¿Qué dejó 2017? Lo más relevante entre los hechos positivos es, sin duda, el acuerdo de paz entre el Gobierno y las Farc, del cual se desprenden compromisos ineludibles que tienen como finalidad fortalecer la democracia e introducir cambios tendientes a superar la pobreza, la desigualdad y los factores determinantes de desajustes recurrentes.
Medio siglo de conflicto armado le ha dejado a Colombia destrozos de profundidad. El Centro Nacional de Memoria Histórica hace este balance: “Los desastres que medio siglo de guerra han dejado en Colombia han sido hasta ahora poco visibles. Muertes, destierros, destrucción y profundos dolores humanos son el legado que dejan los actores armados.
“La magnitud de los daños que ha producido el conflicto armado se confunde con las otras múltiples violencias que vive nuestra sociedad. Sin embargo, la guerra ha sido estremecedora, y tanto su larga permanencia entre nosotros como su degradación merecen una reflexión.
“Basta con decir que entre 1958 y 2012 murieron 220.000 personas como consecuencia del conflicto armado. Esto equivale a toda la población de una ciudad como Sincelejo o Popayán. Esta cifra también permite confirmar que una de cada tres muertes violentas del país las produce la guerra, y que durante cinco décadas, en promedio, todos los días murieron 11 personas por esta causa”.
Ponerle fin a esa desgracia es sacar a Colombia de un infierno desolador. Por eso la paz está en primer plano.
La cara siniestra en el balance de 2017 es ese monstruo devastador de la corrupción, cuyos tentáculos son arrasadores. No es una práctica de colombianos del común. Es el abuso de quienes tienen acceso a las palancas del poder. Son servidores públicos y dirigentes políticos del más alto nivel los actores de tantos episodios ilícitos, mediante los cuales se enriquecieron. Convirtieron la política en un negocio de alta rentabilidad, dejando las secuelas de la degradación de lo público.
La corrupción invade a Colombia y le resta recursos que bien podrían destinarse a la solución de problemas crónicos.
Es de esperar que 2018 genere nuevas dinámicas y traiga vientos de cambio a fin de que Colombia salga de los laberintos a que la han llevado las ´audacias´ de no pocos de quienes han tenido su manejo.
Se necesita que en 2018 la política no sea un surtidor de odios y picardías sino un ejercicio de ideas, de pensamiento que trace rumbos. Que sea un vuelo positivo del tiempo.

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