Saludo de Aída Avella en homenaje a los verdaderos héroes

La candidata al Senado de la República por la Unión Patriótica, en la lista de la Decencia, Aída Avella, envió un saludo a los colombianos y colombianas en estas fiestas de final de año, haciendo un homenaje a quienes dieron su vida por la defensa de los derechos humanos y los territorios. Contrario a lo que piensa el Ministro de la Defensa, Luis Carlos Villegas, los crímenes de los líderes sociales no son “líos de faldas” son muertes sistemáticas propiciadas desde el poder político y ejecutadas por el paramilitarismo con complicidad oficial. Aquí el saludo:

“Cientos de mujeres y hombres, voceros de sus comunidades, reclamantes de tierras, defensores de derechos humanos, luchadores por el bienestar de sus comunidades, fueron silenciados durante 2017

A ellos que les arrebataron la vida, porque sus contradictores se sienten derrotados ante los argumentos que esgrimían para defensa de sus planteamientos, no han encontrado camino más fácil, que pagar a un sicario para que apague la voz de la justicia.

Repasando nuestra historia, la encontramos colmada de crímenes de quienes se atrevieron a cuestionar una institucionalidad. Una institucionalidad hecha para perpetuar la desigualdad y conservar unos privilegios ganados, no con el trabajo honrado, sino con las guerras declaradas y no declaradas, con el asalto al poder a través de la corrupción en todas sus variantes, captando rentas públicas con sus posiciones de poder, comprando votos, saltando de la empresa privada a la pública, usufructuando información del Estado para el beneficio personal y si es preciso matando a quienes se atreven a cuestionar o a reclamar lo que les pertenece.

Me embarga en sentimiento de dolor e indignación por las mujeres asesinadas, todas madres, dejando sus hijos muy pequeños sin abrazo navideño, sin natilla, ni envueltos, ni tamales, ni alegría. Los intolerantes, autores intelectuales delos crímenes, se esconden detrás del pistolero que descargó las balas celebran su cobardía. Pero les llegará la justicia colombiana, eso sí la institucionalidad que investiga en Colombia no estuviera en manos del abogado de los banqueros y amigo de Odebrecht.

A los afros, que defienden sus tierras, esas que les correspondió ocupar tras la persecución de sus antepasados, también se les debe rendir homenaje. Se alejaron de las carreteras, de las ciudades, de los pequeños pueblos, se sumergieron en algunas zonas difíciles y aun allá han ido a buscarlos, porque allí esta parte de la gran riqueza minera y natural de nuestra patria.

A los indígenas que pagan con sus vidas el reclamo de sus tierras ancestrales, de la propiedad colectiva, de la madre tierra, la que da la comida, el agua, y recibe a sus hijos en la última partida. Están amenazados en algunas regiones porque hay petróleo que reclaman con ansiedad las transnacionales por el oro, carbón, fosforita, plata, platino, hierro, caliza, pucelana, etc. La lucha digna por conservar el manantial, la quebrada, el riachuelo, los lagos, los ríos, la montaña. No quieren las represas porque cambia el ecosistema que ellos protegen con su fauna y flora. Los que están detrás del enriquecimiento desmedido también pagan sicarios para quitarlos del camino.

A los campesinos, que no tiene vacaciones ni pensión de jubilación, ni salarios estables, que cultivan la tierra como único medio de subsistencia. Muchos privados de educación, de salud, igual que los afros y los indígenas, son víctimas de quienes se apropiaron de sus tierras, por medio del desplazamiento que sufrieron las comunidades a lo ancho y el largo del país. En varias décadas. A ellos, nuestro respeto por la tenacidad en la lucha por el derecho a tener un pedazo de tierra donde sembrar, para alimentar su familia y en parte a la sociedad.

A los defensores de los Derechos Humanos, que reivindicaron durante su existencia el respeto a todas las personas. También les quitaron la vida, quienes se creen que deben ser dueños de ellas y de todas las hectáreas provechosas para el cultivo y de todos los medios de comunicación, de todos los ríos, de todos los bancos, de todas las empresas, de todos los minerales y hasta de la vida misma. Defender los derechos humanos no es sinónimo de terrorismo es una acción altruista por el bienestar de los ciudadanos y la democracia del país.

A 78 de ellos en el año 2017 se los llevaron, pero están presentes, en quienes creemos que su lucha es heroica, que estos son los verdaderos héroes de la patria y que muchos seguiremos su ejemplo desde donde nos pongan los colombianos. Todo por tener una patria más justa, donde la desigualdad sea superada, pero sobretodo que la vida se respete, primero la vida”.

Aída Avella

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