Guatemala: ¿Por qué debemos ser complacientes con los corruptos de izquierda?

Ollantay Itzamná

En la Guatemala actual, el Gobierno de los EEUU. emprende una cacería de agentes políticos, empresariales y militares corruptos, con beneficio de inventario.

En 2015, esa cacería convocó y movilizó a multitudes de guatemaltecos emotivos, sin propuestas, ni agenda propia. Y, el entusiasmo llegó hasta donde debía llegar.

En 2017, el cazador fijó la mira en los actuales políticos, y eso incluyó a los diputados del Congreso de la República. Y, nuevamente, la ciudadanía citadina “indignada” volvió a “arengar” contra la corrupción, pero, igual, sin propuesta, ni agenda propia. Y, arribó el nuevo Embajador norteamericano, y las aguas se calmaron.

Si bien la izquierda política (URNG, WINAQ y CONVERGENCIA), calificada por movimientos sociales como neoliberal, nunca ha ganado elecciones generales, ni tampoco tuvo presencia significativa en el Congreso de la República, pero tampoco estuvo ausente en el Congreso de la República post Acuerdos de Paz. Por lo tanto, por activa y por pasiva son corresponsables de la sistemática corrupción con la que se aceitó el afianzamiento del sistema neoliberal en el país desde el Legislativo.

Los diputados de izquierda, ni sus partidos, jamás cuestionaron la imposición del sistema neoliberal en el país. Mucho menos, hicieron el intento de organizar y movilizar al pueblo en contra del Estado neoliberal.

Más por el contrario apoyaron con sus votos en el Legislativo leyes criminales como la Ley Monsanto, Ley de Antenas de Telefonía. Aprobaron con sus votos millonarios endeudamientos económicos que hicieron gobiernos neoliberales como el de Otto Pérez Molina (actualmente encarcelado). La empresa constructora brasilera Odebrech compró a diputados de derecha e izquierda para destruir los caminos de Guatemala. El conserje de las oficinas del anterior diputado de URNG devengaba un salario mensual de Q.16,000 (monto casi equivalente al salario del actual Presidente de Bolivia)

En el actual gobierno neoliberal, políticos nuevos de izquierda (de CONVERGENCIA) entregaron con sus votos al partido oficial de los militares (FCN-Nación) la Presidencia del Congreso de la República. Gracias a ello, el gobierno de Jimmy Morales, vapuleado por sus actos de corrupción, tiene el control total del Legislativo.

Pero, lo más vergonzoso de los diputados de izquierda y de derecha, en la actual legislatura, fue el intento de modificar el Código Penal para despenalizar el financiamiento ilícito que tradicionalmente reciben los partidos políticos en sus campañas electorales. Aparte, de intentar proteger, desde el Congreso, a Jimmy Morales para que no sea llevado a tribunales.

La corrupción no es mala en sí misma. Depende quién sea el corrupto

En este contexto, para la izquierda rosa, y para los partidos políticos de la izquierda guatemalteca está terminantemente prohibido denunciar a los revolucionarios diputados corruptos, en “aras de construir/mantener la unidad de la izquierda”.

Los dirigentes y militantes de los partidos de izquierda no han censurado, ni sancionado, mucho menos expulsado a sus diputados corruptos y traidores (ellos siguen devengando sus salarios). Más por el contrario les premian con la impunidad. Y así, instalan en el imaginario de la izquierda la corrupción/traición como una virtud premiada. De este modo, el partido y sus militantes son tan corruptos como sus propios diputados.

Como en los filmes de ciencia ficción, el pasado 20 de Octubre, Día de la Revolución Nacional, los partidos de izquierda, junto a sindicalistas, ONG, estudiantes, citadinidad indignada, salieron con sus banderas rememorando la revolución y en contra de la corrupción. Y, casi ningún “indignado” protestó ante semejante infamia. Todo fue en “aras de la idílica unidad de la izquierda”.

Esa acción fue prácticamente una apología de la corrupción en y desde la izquierda política. De esta manera, no únicamente se intentó limpiar el rostro corrupto de la izquierda y de sus diputados (que al igual que los otros de la derecha se resisten a renunciar), sino dejar el mensaje claro en la sociedad: nuestros partidos y nuestros diputados, por más que hayan cometido actos de corrupción/traición, están previamente absueltos por ser de izquierda. Los corruptos son los otros.

Y, a todo aquel “insolente” que se atrevió o atreve a censurar o exigir la renuncia también de los diputados revolucionarios, la comandancia, la militancia, y los fans de la corrupción de la izquierda lo apabulla tildándolo de: divisionista, envidioso, cizañero, antirevolucionario…

Esta deficitaria cultura de autocrítica es la mejor herramienta para que el Imperio impida cualquier intento de cambios estructurales en Guatemala, y en cualquier lugar del mundo. En otras palabras, la izquierda corrupta no necesita de la derecha para ser derrotada.

Los políticos corruptos de la izquierda, incluso pueden ganar elecciones para robar. Pero el mal, no es sólo eso, sino la frustración/apatía política que dejan en las presentes y futuras generaciones como consecuencia de sus acciones.

Por eso, para los movimientos indígenas y campesinos dignos en Guatemala, los actuales partidos políticos de izquierda no son únicamente neoliberales, sino también traidores. Porque ellos, al cobijar a sus corruptos, y sentirse cómodos con el criminal sistema neoliberal, son también caporales del sistema. Tanto, para tranquilizar, demorar o desmovilizar la conciencia política emancipatoria emergente en y desde los pueblos.

Anuncios