A propósito del Congreso Constitutivo de las FARC

Autor: Kevin Sisa

 Las valoraciones sobre el Congreso constitutivo del Partido de las FARC no pueden limitarse a si nos gustó o no su nuevo logo o la pertinencia de mantener sus siglas, aún con sus nuevos significados. Aunque válidas, estas preocupaciones se han impuesto sobre otras, de mayor calado, porque en algunos ha primado el “cálculo” sobre el marketing político, restando atención a la proyección disruptiva con la que surge esta organización ya en la legalidad, producto de su carácter y naturaleza. El papel histórico de las FARC no cabe en las elucubraciones de oficina de x o y intelectualoide, aferrados, por demás, a las experiencias (nada despreciables) de partidos morados de lejanas tierras.

Una fuerza, con nuevos bríos y con la templanza reafirmada, llega a nutrir el espectro de la izquierda colombiana. Que no quede posibilidad para titubeos: la consolidación de la vía de solución política y la construcción de la paz democrática, requiere rodear al nuevo partido y plantear alianzas justas y necesarias, máxime, cuando se acerca un año electoral definitorio de la política nacional y del futuro del proceso de paz. La discusión sobre la unidad de los comunistas está en el centro y debe tramitarse a todos los niveles sin prisas, pero sin pausas.

Las FARC no llegan a la política, siempre lo han estado. De diversas formas producto de las lógicas de la guerra, pero han mantenido permanente contacto y una ligazón estrecha con el pueblo durante 53 años de lucha insurgente. La palabra, única arma al decir de Timo, debe seguir recorriendo todos los rincones de Colombia para convencer a quienes no lo están, de que sí tenemos otra oportunidad sobre esta tierra. Ahí está la clave: La fuerza se construye con las gentes, con el trabajo diario, con abnegación, con el ejemplo, con la incorruptibilidad, características que los han acompañado medio siglo. La construcción del poder se hace en el movimiento de lo real. Que las encuestas no nos quiten el sueño… hay millones de colombianos que han perdido la esperanza. Nos toca devolvérsela.

Los retos se multiplican a diario en el horizonte. Ahí está el tamaño del esfuerzo que debemos emprender, en otras condiciones, para enamorar los corazones y las mentes de nuestros compatriotas. Cuenten con los comunistas, camaradas. Echemos a andar la Nueva Colombia.

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