Colombia: Estados Unidos, Venezuela y la OEA

Por Tony López R. (*)

En vísperas de la celebración en Venezuela, de la Asamblea Nacional Constituyente, a celebrarse el próximo 30 de julio, convocada por el presidente Nicolás Maduro, el pasado 1ro de mayo, en respuesta a la ola de acciones terroristas, organizada y dirigida por la oposición venezolana agrupada en el Mesa Unidad Democrática, (MUD) apoyados por el gobierno de los Estados Unidos, buscan desde hace muchos años derrocar no solo, al presidente democráticamente elegido en Venezuela, Nicolás Maduro, sino borrar de ese territorio, la Revolución Bolivariana democrática y popular, que encabezara él líder de Hugo Chávez Frías.

La conspiración internacional alentada y dirigida desde la Casa Blanca, está respaldada activamente por el Secretario General de la Organización de Estados Americano, el uruguayo Luis Almagro, con el objetivo de dar soporte político y diplomático a una intervención militar en este país suramericano, esfuerzos, presiones y chantajes para lograr una resolución de condena al gobierno venezolano fueron infructuosos, solo trece países suscribieron ayer miércoles 26 de julio, un documento sin ningún valor ni respaldo del Consejo Permanente, ese documento exige al gobierno venezolano suspender la Asamblea Nacional Constituyente y Almagro tampoco en más de un año de una sibilina labor pudo aprobar la aplicación de la llamada Carta Democrática.

Si bien desde hace muchos tiempo la derecha venezolana viene trabajando una acción desestabilizadora de carácter económica, social, política usando la violencia, esas acciones han tenido el pleno respaldo de los Estados Unidos, no olvidar que el presidente Barack Obama, aprobó una orden Ejecutiva donde se consideraba a Venezuela como un peligro para la Seguridad Nacional de los Estados Unidos, algo absolutamente ridículo, pero muy bien orquestado mediáticamente, para crear un ambiente inamistoso y guerrerista de Venezuela hacia Estados Unidos. El sentimiento nacionalista gringo era exacerbado y dicha campaña es para preparar a la opinión pública estadounidense a favor de ese nuevo zarpazo en ciernes.

Ahora las sorprendente declaraciones publica del Director de la CIA, Mike Pompeo, revela que Estados Unidos trabaja de conjunto con Méjico y Colombia para garantizar el derrocamiento de la Revolución Bolivariana y según él, para dar mayor seguridad a la región. Estas declaraciones se corresponden a las expresadas el 6 de abril pasado por el Almirante Kurt Tidd, Jefe del Comando Sur quien sin ningún desenfado declara “que la situación en Venezuela podría acabar exigiendo una respuesta a nivel regional” ello aclara cuales son los reales planes imperiales para Venezuela: la intervención militar

La realidad es que la intervención en Venezuela tiene el objetivo de apropiarse de un país que cuenta con la mayor reserva de petróleo en el universo y la más grande, entre otros minerales, de oro y coltan, en Latinoamérica.

Si bien Colombia y Méjico han negado las declaraciones del Director de la CIA, no es menos cierto que ha sido Méjico, en la persona de su canciller quien ha llevado la voz cantante dentro de la OEA para que se aprobara un documento injerencista y violador de la propia carta de la OEA que se pronuncia por la no injerencia y respeto de la soberanía e independencia de los Estados Miembros. Su labor en la última reunión de cancilleres en Cancún, así lo demostró. Maniobra política que fracasó frente a las posiciones de los países caribeños, Ecuador, Bolivia, Nicaragua, El Salvador y República Dominicana.

Colombia está mucho más obligada a ser solidaria con Venezuela, la razón es sencilla, si hoy, hay un Acuerdo de Paz con la guerrilla de las FARC-EP, eso se lo deben al presidente Hugo Chávez Fría y al actual mandatario Nicolás Maduro, aún ambos a sabiendas que la concreción de un proceso de paz y un desarme de la guerrilla, podía obrar en contra de la Revolución Bolivariana, porque ante un intento de intervención militar en Venezuela, estas se convertirían en la retaguardia segura para sus Fuerzas Militares, sin embargo no dudaron en servir de intermediario y así se abrió la puerta de ese proceso de paz.

Es realmente muy difícil creer que el gobierno del presidente Juan Manuel Santos, a quien se le otorgó el Premio Nobel por la Paz, sea cómplice de un escarnio tan grande, además una intervención militar proveniente del territorio colombiano, llevaría la guerra no solo a Venezuela, complicaría seriamente a su país a donde se trasladaría también el teatro de operaciones y se aislaría política y diplomáticamente, enfrentaría serios conflictos interno, y comprometería a la región.

(*) Periodista, politólogo y analista internacional.

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