Yo también admiraba a Claudia López

julio-césar-londoñoPor: Julio César Londoño

Claudia López pertenece a ese pequeñísimo grupo de parlamentarios que se destacan en el Senado de la República. Ustedes dirán que es fácil sobresalir en esa corporación gris plomo, pero hay que reconocer que la señora López brilla con luz propia. Ahora anda en campaña enarbolando la bandera anticorrupción y proponiendo medidas concretas para combatir el problema.

Yo me contaba entre sus admiradores, pero esta semana conocí, por boca del coordinador del Partido Verde en un municipio mediano, una situación que enfrió mi entusiasmo por la senadora.

El coordinador se enteró de que uno de los concejales del Partido estaba ejecutando muy mal el jugoso contrato que había firmado con la Secretaría de Salud del municipio. Debía vacunar 25.000 perros en tres meses, pero solo vacunó 5.000 y completó las planillas con 20.000 perros fantasmas. El concejal tenía otros contratos suculentos y torcidos. El coordinador lo llamó a cuentas, pero el concejal le respondió de manera airada, lo tildó de sapo y lo amenazó de muerte.

Entonces el coordinador, un joven que conozco de tiempo atrás y de cuya probidad puedo dar fe, habló con el alcalde y con la secretaria de Salud, quienes lo escucharon con mucha atención, con infinita lástima… y una gran sonrisa interior porque el grueso del valor de esos contratos va a parar en sus bolsillos, y al perruno concejal solo le dan unas monedas.

Cuando Claudia López visitó el municipio recientemente, el coordinador le expuso el problema, pero López, que ya conocía el asunto, contestó con arrogancia y parquedad. “No voy a tratar ese tema. Punto”.

¡Es su bandera de campaña, se trata de un caso grave de corrupción en el seno de su Partido, pero López lo consideró solo “un tema” que no merecía estar en la agenda de la reunión con su base! ¿Por qué obró así esta aguerrida mujer? Lo ignoro. Supongo que en el fondo es una señora “pragmática” y no quiere enemistarse con el alcalde y mucho menos con el jefe del alcalde, amo y señor del departamento, por un asunto que no le dará réditos a nivel nacional.

En cualquier caso, no era esa la manera de responderle a su coordinador.

El muchacho me cuenta estas cosas con tristeza. Con furia contenida. Está conmovido. Asustado. Duerme mal. Tiene dos hijas pequeñas. Sigue recibiendo amenazas. “Tengo miedo, pero no puedo callarme… Estoy solo. Claudia es mi mamá… Era la gran mamá de nosotros”. Es inteligente. Serio. Trabajador. Ingenuo. Bellamente ingenuo. Uno de esos jóvenes que cree que la política puede ser un arte noble y superior. Un militante de esta calidad merece respeto, senadora, máxime cuando “ese tema” es su bandera y el problema central del país. Si usted no puede enfrentar la corrupción en el seno de su Partido en un municipio, le falta pelo en la moña para liderar el combate contra ese monstruo en la nación. Sigo considerándola una senadora valiosa. Valiente. Aplicada. Por esto, le deseo muchos éxitos en la cruzada moral que lidera. No le hará ni cosquillas al monstruo, pero usted quedará bien situada de cara a la elección del 2018. No será presidente, ni siquiera candidata, pero endosará muy caros los votos de su partido.

Ah, también me molestó que llamara “resentidos” a los izquierdistas, como si usted fuera una señora rica y bobalicona. Como si millones de colombianos, usted incluida, no tuviéramos un siglo de razones para estar resentidos. ¿O es que usted piensa que la violencia y la polarización en que vivimos son frutos de la dicha que nos embarga a todos?

Nota: contrariando mi estilo, evité los nombres propios de las personas y los lugares para no comprometer más la vida del coordinador.

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