Los ´honorables´ delincuentes

Businessman Stealing Money


Por: Cicerón Flórez Moya|cflorez@laopinion.com.co

Hay colombianos –como también ocurre a personas de otras naciones- con ínfulas de privilegiados, proclives a la imposición de sus intereses en detrimento de los de otros. Eso los lleva a la ilegalidad y a la recurrente comisión de actos ilícitos, bajo la creencia de que gozan de inmunidad irrebatible. Actúan con la creencia de que son prestantes. Bajo esa presunción acomodan su vida con ánimo narcisista. De allí proviene el desdén por la justicia y de consiguiente el menosprecio de la ética. Una conducta muchas veces ofensiva, contraria a las normas de respeto y convivencia. Es la arrogancia, la arbitrariedad, el abuso.
Los constantes escándalos en el país por corrupción, abuso de poder y otras travesuras punibles están protagonizados casi siempre por personas de encumbrado nivel. Hacen parte de las altas cortes y de otras instancias públicas o de la cúpula empresarial. Son los que propician las contrataciones fraudulentas, el asalto a los recursos oficiales, la minería ilegal, el engaño a las comunidades desprotegidas, las trampas electorales, la depredación de los recursos naturales, los malos manejos del sistema de salud pública y la violencia aplicada a sus contrarios o a los que no se alinean en su bando.
Si la justicia fuera pronta y cumplida y la impunidad no tuviera tanto arraigo serían más visibles los responsables de actos abyectos: los eneficiarios de los sobornos, de los fallos judiciales amañados, de los sobrecostos en Reficar, del contrabando en todas sus variables, de los negociados con las concesiones y de operaciones financieras amarradas a la picardía. Ese tejido de irregularidades, ante lo cual se hacen los de la vista gorda los funcionarios de los entes de control es tupido y sus puntadas son el resultado de cálculos de personas de carne y hueso, muy activas en esa función. No sería difícil identificarlas si quienes investigan no obraran como cómplices o no fueran parte de semejante entramado.
Para que Colombia quede libre de tantos desatinos, para que el futuro de la nación se despeje y su rumbo no choque contra las turbulencias de los privilegios de quienes hacen parte de la mezquina nómina articulada a la desfachatez, es preciso cerrarles los espacios a los que se han erigido como casta dominante, basada en pergaminos carcomidos y en la riqueza de herencias manchadas de atropellos.
Las prácticas viciadas introducidas a la política, con la corrupción como telón de fondo, ha hecho posible el sobredimensionamiento de rotagonistas dedicados al aprovechamiento desviado del poder. Ellos son esa fronda repelente que todo lo pervierte. Con imagen de honorables arremeten ontra la legalidad. Así se han ganado el título de honorables delincuentes, en competencia con la otra corriente, que también se nutre del ilícito pero con la marca de delincuencia común.

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